domingo, 21 de septiembre de 2014

Veintidós, de nuevo veintidós.

Ahora comprendo el porqué de escribir, por qué puedo pasar horas y horas escribiendo y aun así sentirme ahogada. Escribir es la única manera que encuentro para librarme, librarme de todo lo que siento, para no colapsar en esta tristeza tan cotidiana. Llevo años bajo la sombra de este delirio parcial, en este desequilibrio emocional. Te veo en todas partes y no importa si estoy dormida o despierta, tú aparecerás ahí con tu sonrisa, esa sonrisa tan tuya que al aflorar pareciera regalarte un cachito de paraíso.

Y es que yo puedo ser cualquier cosa en este mundo. Puedo ser cocinera, escritora, músico, hija, amiga, etc., pero lo que más me hiere es haber sido la persona que te rompió el corazón, y como en la ley de acción- reacción, me quebré en el intento. Odio haberte lastimado, no haber valorado cada segundo a tu lado, no haberte dicho lo mucho que te amaba en esos silencios que quedaban entre nuestras departes, haberte llenado de carencias, haber ignorado todas esas historias que me tenías todo por planear un nuevo drama para ti.
Porque así somos de estúpidos los humanos (es por eso que siempre he pensado que eres de alguna parte lejana a este planeta) siempre que encontramos algo de paz buscamos algo estúpido para arruinarla, nos aburrimos de estar bien y necesitamos siempre algo de caos en nuestra vida para poder seguir,  entonces creamos conflictos, falsas emociones y nos viene mejor el papel de víctimas, porque el drama viene incluido en nuestra composición genética. Así de estúpida fui, no me di cuenta que tenía todo para estar bien, no pude notar que había paz en mi vida, que tú eras mi sostén, mi fortaleza, mi armonía. Siempre supe que te amaba pero nunca supe lo que era que me hicieras falta, nunca supe lo que era amarte y no tenerte cerca para intentar demostrártelo. Nunca supe la falta que me harían todas las cosas bellas que hay en ti, nunca supe la falta que me haría tu voz y la manera en la que pronunciabas mi nombre, tu aroma, tu mirada que hacía calmar mi alma, nunca supe lo que era estar tan lejos de ti.
Ahora ya no queda más, pero espero poder reencontrarte en algún espacio  de esta ciudad, en algún café, en algún parque, no lo sé, ahora estoy en tu ciudad, en tu atmósfera, todo aquí huele a ti. No me quedé a componer poemas en algún bar de aquella ciudad que tanto odias, ni me quedé esperándote en algún jardín desojando flores, estoy aquí y sé que te encontraré, para poder descansar, para poder despertar.
Pd. Encuéntrate que te quiero encontrar.