sábado, 31 de marzo de 2018

Belfegor.
"Oh vosotros los que entráis, abandonad
toda esperanza" (Infierno III: 9)


Poco recuerdo de mi infancia, para ser preciso poco recuerdo de mi vida, lo único que siempre recuerdo es esta historia ya corrompida…
Como cada día me levanta la luz de ese tremendo astro, ese que quema lentamente con sus rayos mis pupilas. Tal vez ni siquiera me levanta, quizá ni siquiera he estado dormido.  Desde hace varios días he perdido el sueño, un recuerdo me atormenta, quizás fue un sueño, quizás fue una mentira, quizás sólo un colapso mental pero esto me está calcinando día con día.
Hace cuatro noches apareció en mi mente el siguiente recuerdo:
Aparezco en escena junto a mi viejo, como solía decirle a mi abuelo. Él era un hombre amable y gentil, de los hombres más ricos, considerado el más sabio de la región por ciertos conocimientos que adquirió acerca del cultivo. Además de eso, todos pensaban que estaba eternamente bendecido debido a su excelente suerte para la siembra y el comercio, en todos sus años trabajando, nunca había perdido ni un solo peso y sus campos siempre florecieron; era inexplicable ver que en tiempos de sequía todos los campesinos de la zona eran cruelmente afectados por ella, excepto, siempre, mi abuelo. Otra característica de él era ser  misterioso, parecía que siempre celaba algo o quizás un todo. Solía dar largas caminatas al término de su jornada en las cuales, a pesar de estar sumamente enamorado de mi abuela y tener siempre alguien queriendo acompañarlo, prefirió ir sólo en todas aquellas ocasiones.
 Un sábado de algún abril me encontraba paseando por las cercanías del río cuando vi a mi viejo entrar en una especie de cueva. Lo seguí sigilosamente ocultándome entre árboles y arbustos, jamás había visto esa guarida, al aproximarte a esta sentías como todo tu cuerpo se estremecía como si estuvieses frente a una fuerza oculta, nunca poseí tanto terror como en esa tarde, sensación que a partir de ese día se convertiría en algo muy familiar para mí en la posteridad.  Ni la persona más valiente hubiera sido capaz de bloquear esas sensaciones de pánico que dicho lugar sublimaba, quise gritar, llorar, sentí por primera vez la sensación de perder mi ser en un segundo, quizás es la misma sensación cuando alguien está a punto de morir físicamente o espiritualmente. A pesar de terror sentido, permanecí persiguiendo a mi abuelo, quise resolver el enigma del porqué estaba ahí, además tenía tantas preguntas acerca de las emociones sentidas en ese sitio. Caminé y caminé sentí que nunca terminaría, parecía un laberinto, mi miedo aumentaba, hasta que, en cierto puesto percibí una serie de destellos de algún paraje del camino, nunca olvidaré esa luz, su color era tan indefinido, parecía toda una serie de colores mezclados perfectamente. Me cuesta bastante trabajo y en cierto punto me resulta un tanto improbable ser capaz de describir lo observado en esos instantes con exacerbada exactitud.
Deberás tener en tu ser una parte de oscuridad para comprender lo siguiente que intentaré relatar lo más apegado a lo capturado por mis pupilas.
Caminé así, despacito, sigiloso, procurando no alarmar en mis pasos, cada uno de ellos dados con toda la precaución posible, llegué a percibir el precipitado palpitar de mi corazón como único ruido atmosférico, no había sonido de aves que comúnmente abundaban en los alrededores, no se escucha animal alguno ni siquiera el sonido de cauce del río. Y de repente lo vi, entre el temor, luces y vapores estaba allí, tan magníficamente perverso, tan bellamente sublime, -¡qué desmesurado ser! -fue en lo único que pude pensar. No estoy escrupulosamente seguro de lo que era, un ángel, un demonio, un simple ser, no tengo la más remota idea, pero qué interesa si ángeles y demonios en cierto punto parten de la misma raíz, los dos son creaciones de un “Dios”, unos guiados por instintos e impulsos y otros por lealtad. Con esto no quiero decir que no tuve pánico en el momento pero hubo un instante en el cual mis terminaciones nerviosas cedieron y sólo quedé prendido por dicho ser, sensación que duró sólo un par de minutos antes de volver a mi estado pusilánime tan humano. Físicamente podría ser descrito como lo más exorbitante visto en mi vida, lo primero de lo que me percaté fue de sus pies, que más bien parecían unas patas de algún animal, lo más sensato es pensar que eran de  lobo, era algo que nunca había visto, ni en mi más fantasioso sueño; era alto, alto como un palo amarillo, o quizás como un mezquite, su musculatura me recordó a las historias que me narraba mi viejo acerca de los guerreros espartanos, aquellos nacidos para la batalla, musculosos como si juntases a tres de los hombres más fuertes del pueblo. Tal vez podría ser un descendiente de Heracles aunque mucho lo dudo. Fue la cosa más musculosa de la cual tengo memoria. Pánico sentí al ver su rostro, en este preciso instante tirito de miedo al intentar recordar aquella cara. Era estremecedor, era esa clase de semblante que quisieras olvidar, esa clase de rostro que te cuentan en las peores historias de miedo, aún evoco aquella combinación de su prolongada barba, su repugnante nariz y sus estremecedores ojos, son algo por lo cual todos los días posteriores a ese suceso desee no haber estado en ese sitio y en especial ese día. Sus ojos emanaban furia, poder, control, no pude ni siquiera atreverme a mirarle los ojos más de un par de segundos, sentía que me quemaban, que me hechizaban, caía en un profundo estado de exaltación. Tenía unas asquerosas y largas garras, esto junto con otro rasgo característico de su fisonomía me llevó a la conclusión de que lo que observaba no era un ángel ni mucho menos, lo que estaba frente a mí era un monstruo, para ser preciso un demonio. Aquél dichoso rasgo eran un par de cuernos, terroríficos como todo en su ser.
-No venís sólo, alguien te acompaña este día-. Fueron las palabras que vociferó aquel espécimen, las cuales fueron causantes de que mi palpitar se hiciera bastante lento a tal modo que me sentí muerto por un instante. Lentamente desvió su mirada hacia mí, fue tan lento el movimiento que sentía como el aire se movía al compás de su mirar, me había pillado. Mi viejo sudando en demasía, volteó rápidamente y por primera vez vi la imagen de mi héroe desmoronarse frente a mí, aquél hombre que no le temía a nada, valiente y gallardo, desaparecía tras un hombre con miedo de perder algo que ama o el simple miedo de perderse a sí mismo. El ser comenzó a acercarse paulatinamente hacia mi posición, yo me encontraba más muerto que vivo para ese entonces, estaba paralizado, pensé que era el fin, me imaginé aquel demonio devorándome y arrancado cada una de las extremidades de mi cuerpo hasta hacer que muriese desangrado. Imaginé la peor de las muertes para mí, pero algo más me angustiaba y a la vez me interrogaba, en primera, ¿qué hacía mi abuelo ahí?, en segunda, ¿lo mataría al igual que a mí?, y la tercera ¿cómo es posible que algo así existiese? Sólo recuerdo haber cerrado los ojos y haberme perdido en mi miedo, rezando en mi mente y alma una oración que sabía perfectamente no me salvaría en aquel momento. Cuando abrí los ojos observe a mi abuelo entre aquel demonio y yo, defendiéndome como siempre lo había hecho, estaba muriendo de miedo, olía su miedo, sentía como se estremecía al tener contacto con el demonio.
-Vaya, vaya, ¿conocéis a este fisgón?. Fue lo que a continuación mencionó, cada que articulaba un sonido o una palabra sentía la necesidad de desprenderme la piel para crear una capa en la cual pudiese ocultar todo el pavor que sentía. Mi abuelo como pudo, tragando más valor que saliva, le contestó:
 -Carne de mi carne y sangre de mi sangre es, hijo de mi heredero. No lo lastimes te lo imploro señor, castígame a mí pero a él déjelo huir-.Yo como pequeño niño espantado en plena tormenta me refugiaba en la camisa de mi viejo, mi miedo y el suyo estaban ahora en perfecta sintonía. Aquél ser se echó a reír tan malévolamente que el aire se me iba en cada risa que producía.
-Viejo, viejo, no me vengáis a decir lo que debo o no hacer. Mmm hueles tan bien, hueles a miedo, yo me alimento de eso, ¿sabéis quién soy?- Dijo mirándome fijamente, estaba a punto de colapsar, no pude articular palabra, así que la única manera de responder a su interrogante fue moviendo la cabeza diciendo que no. – ¡Vaya!, al parecer este viejo no te ha criado bien, o no te ha contado sobre la fórmula de su éxito como hacendado. Tengo tantos nombres alrededor del mundo que no estoy seguro de cuál usar contigo pero soy más conocido como BELFEGOR, sí, como lo piensas soy un demonio, soy uno de los siete caballeros del infierno, soy el demonio de la pereza y me han invocado a través de los siglos escorias como tu abuelo. Cuéntale la historia viejo bastardo.- Mi abuelo como pudo entre tartamudeos, palabras mal articuladas y palpitaciones excesivas me contó la historia:
-Hace mucho tiempo vagaba en las cercanías de este lugar, estaba desdichado, mis padres habían muerto hacía un par de meses y todo lo que nos dejaron se había perdido por gastos funerarios y mala administración, lo único que nos quedaba a mi hermana y a mí era la vieja hacienda que perderíamos en poco tiempo, era tiempo de sequía, no producía nada y no había dinero para comprar semillas y pagarle a los jornaleros, estaba desesperado, mi hermana moriría de hambre al igual que yo. A lo lejos escuché un silbido, era escalofriante al escucharlo pero algo dentro de mí me decía que lo siguiera, alguna cosa en mi interior fue hechizada por ese sonido. Lo volví a escuchar, y fui siguiéndolo lentamente con miedo pero con esa sensación de querer saber más. El sonido me condujo hasta la entrada de esta cueva, recuerdo perfectamente aquel 3 de abril de 1930. Ciertamente desconozco lo que tú, pequeño, has sentido al verlo, pero lo que yo sentí es algo que sigo sintiendo cada vez que me presento frente a él, es una sensación de estar muerto en vida. Esa ocasión no necesitamos palabras, habló conmigo por medio de mi mente, yo sólo tenía que pensar para comunicarme con él. Me ofreció un pacto, yo tenía que entregarle mi alma y venir a ofrecerle tributo animal cada año; a cambio el me daría dicha eterna, mis campos florecerían, tendría dinero a montones, mi descendencia no tendría que pasar hambre ni miseria, además de darme fuerza y grandes conocimientos, me enseñó los secretos de la tierra. Aunque parezca abominable, Belfegor ha sido mi maestro, mi ruina y mi salvación. Perdóname hijo mío, no soy el héroe que pensaste, ni cerca de serlo estoy, ahora sal de aquí, huye tú que aún puedes, conviene que no hables de esto, conviene que lo olvides.- Lágrimas tornearon por mis ojos, nunca estuve tan confundido por algo, salí  escabulléndome como vil rastrero de ese lugar y lo único que escuché fueron las estrujantes risas de Belfegor, junto una gran discusión en el interior de aquel sitio, altercado que no pude  prestar atención debido a que me encontraba hundido en mis pensamientos. Huí lo más rápido que pude.
Y, cuando llegué a la hacienda, desperté o quizás no...


FIN.

-Abril Vega

martes, 19 de abril de 2016

Sin objetivo final. Part.1.


Había hablado hasta con los cielos de ti, le contaba a todo el universo lo hermosa que eras, el amor que me hacías sentir por las pequeñas cosas, le había hablado hasta el más horrible de mis demonios acerca de cómo todo el mundo se detuvo cuando tu tocaste mi vida.
No tengo palabras para describir lo que pasó, por más pausas que ponga, por más enfoque que le otorgue a todos esos recuerdos no logro comprender en qué momento ocurrió todo. Cuando la tormenta llegó a nuestras vidas, sacudió con tal fuerza que sentí un dolor inmenso y extenuante, yo quise reaccionar una y otra vez, pero más me tiraba, más ardía, en ese momento algo dentro de mí me distrajo y de pronto me encontré en un espacio totalmente absurdo, sin vida, no era negro, ni blanco, no me daba paz, simplemente me anestesió. Me perdí y no te pude ver más, tu brillo, tu luz no llegaba hasta ese lugar. Corrí en círculos en incontables ocasiones, y cuando lograba alcanzar un pequeño resplandor, sentía que se me rompía la vida y algo me regresaba a ese sitio. Yo no me podía dar cuenta lo que pasaba allá fuera, quería que me sacaras de ahí, quería irme contigo a nuestra burbuja, quería arrastrarme bajo tus alas, quería desaparecer a tu lado, quería que tú volaras hacía mí, necesitaba estar a tu lado, necesitaba mucho a nuestra burbuja, esa esfera de calma, paz y energía ilimitada, te necesité como nunca he necesitado nada en mi vida. Necesitaba mucho que me amaras como solías hacerlo y quizás nunca necesité que me dijeras que todo lo malo iba a pasar, quizás sólo quería que gritaras que si todo se iba a la mierda te ibas conmigo, que lo gritaras con toda la fuerza que hubiera en ti para que yo pudiera escucharlo hasta donde estaba, pero nunca escuché nada y no pude volver. Hasta que un día sentí demasiado dolor, me quemaba demasiado, vi un destello intenso, insoportable, sentí como se me quebraba hasta la médula. Ese dolor y ese destello me jalaron con tanta fuerza que sentí que iba a morir. Cuando abrí los ojos te vi a ti sentada frente a mí, diciendo que me odiabas, que te había roto, que te había ofendido hasta lo más profundo y me vi a mí llena de lágrimas diciendo te que te amaba y que lo sentía mucho. Yo no entendí absolutamente nada, el trance fue tan intenso que tardé días en poder recordar y justo ahora no he podido recordar todo. Me fui y te quedaste con la peor parte de mí, con mis peores demonios, esos que les dabas pavor porque sentían que los ibas a lastimar y prefirieron lastimar antes de tiempo. El porqué de los hechos aun no lo comprendo. Hay cosas que aún me dan muchas vueltas. Tú sangraste demasiado, yo te lastimé y me lastimé peor al hacerlo. Al volver ya era demasiado tarde, tú ya te habías ido para siempre y yo hice todo para hacerte volver, pero el corazón y la razón no se entienden en ciertas ocasiones y cuando lo hacen son una combinación letal, intentaste volver una y otra vez al igual que yo pero tus miedos te llevaron y ahora estás diciendo adiós.
Te amo y te amé con toda la locura que albergó mis días. Te amé con cada poro de mi ser saciado de ti. Te amé en los peores momentos, incluso cuando tú no lo hacías a ti misma, te amé de una manera pura y descontrolada. Te amé por lo que eras y por lo que yo era al estar contigo. Amé todas las noches que pasé a tu lado, porque nunca me sentí tan en casa como contigo. Amé cada palabra, cada canción de cuna, amé todos los sueños que tejimos poco a poco, los nombres de los niños, los libros, amé todas las noches de amor descontrolado que tuvimos, las tardes de lluvia en cama, amé todas las risas y todos los llantos, amé el hecho que podía  amarte cuando pensé que jamás podría amar de esa manera. Amé tus logros y los sentí míos, amé cada cena y desayuno romántico que me preparaste y la manera tan pura de encontrar la caja de la felicidad en medio del caos. Amé todo eso y lo sigo amando, lo amaré  hasta que mi corazón dé su ultimo palpitar y aún más allá.
Pero nada de eso es suficiente ahora, es momento que te vayas y tejas el perdón que tanto esperas, que tanto anhelas, es momento que todo esto se guarde en un cajón de tus recuerdos, en una caja como en la que guardaste todas mis cosas. Es momento de olvidar todo esto para ti y que renazcas una y otra vez como el fénix que eres. Hoy es el día más triste de mi vida, hoy tengo que decirte adiós porque es lo que necesitas para estar en paz, hoy tengo que decirle adiós al gran amor de mi vida, a mi sueño perfecto, hoy tengo que decirle adiós a la persona que le dio sentido a mi vida y que hizo que sintiera ganas de salir y vivir día a día. Hoy tengo que dejarte ir, porque te amo y eso es lo que necesitas para ser feliz.
Una vida no es suficiente para seres tan inmensos como nosotras. Una vida no es suficiente para este amor que se queda guardado como ropa vieja. El día que todo se calme y puedas perdonarme, recuerda que aquí estaré. Mientras tanto, cuídate y perdonarme todo esto.
Ahora he vuelto. He vuelto a las letras, a los suspensos y pausas de mi vida, he vuelto a mirar al cielo de la manera tan especial que solía hacerlo, he vuelto a creer en mí. La vida se torna ahora de colores muy diversos, demasiado sutiles y confusos, la métrica de mi día es otra, la naturaleza me absorbe poco a poco, estoy volando hacia las montañas que prometen perder total raciocinio, sí,  he vuelto pero sin ti. Tú ya no estás aquí y esto es un lugar hostil, frío sin alma, sin más emoción. No quiero estar aquí, no quiero seguir en este espacio tan limitado, pero aún me queda mucho por hacer en este sitio.
Te quedas en mi mente y mi corazón y yo en los tuyos.
Fue un honor que me rompieras el corazón.



-Abril Ramírez. 

viernes, 27 de febrero de 2015

Asombro pasajero. 1

Me gustaría poder sentir lo mismo que tú sientes por mí, me encantaría poder corresponderte e ir contigo flotando por el mundo sin que nada se interpusiera, como tú lo quisieras; pero simplemente no puedo, sería hacer que vivieras en una mentira y tú, siendo un ser tan auténtico, no mereces eso. Lamento no haberme arriesgado, pero nunca sentí el mínimo impulso por hacerlo. No puedo mentirte, no quieras que te mienta intentando algo contigo, no dejes que te llene de vacíos, porque ninguno de los dos lo merecemos.
Quiero que sepas que eres especial, eres luz, un ser lleno de virtudes. Que nunca se te olvide lo que vales, que nunca nadie, mucho menos yo, ensucie tu alma. No dejes que nadie se coma tu espíritu ni que suplanten tus ideales con sus insensatos pensamientos.
Mereces todo lo mejor en la vida, mereces que alguien te quiera con la misma intensidad y quizás en un futuro me arrepienta pero si ahora no lo siento en el futuro sólo será algo fáctico y sin sentido.
Lo que más lamento es la amistad inconclusa que dejaremos, todos los momentos que omitiremos después de esto. Los absurdos silencios y resentimientos que se generarán póstumos a este sentimiento. Pero, cariño, no puedes responsabilizar a los demás de lo que sientes; no puedes pretender que los demás actúen en base a tus sentimientos. Cada persona es responsable de sus emociones y de su sentir, nadie más tiene la culpa con respecto a eso. Y espero, de verdad, que algún día logres comprenderlo.
Tienes que dejarme ir, tienes que soltar mis recuerdos, sigue tu vida y sólo  recuérdame como una estrella fugaz en tu existencia, esas que ves una vez en tu vida y te llenan de asombro pasajero pero en el fondo sabes que nunca más la verás, que quizás veas otras y esas otras te causarán una emoción demasiado similar, recuérdame sólo como eso por favor, como un asombro pasajero.


Nunca olvides que te quiero, que siempre te quise, pero no de la manera que esperabas. En mi vida siempre habrá espacio para ti, viejo amigo...

-Abril Ramírez.

jueves, 27 de noviembre de 2014

El factor de la desesperación. .

Hubo un tiempo en que había sentido la euforia, antes de toda sensación de morir. Sentí que caía. Trate de iluminar las sombras. Pero maldición. ¡Soy la sombra! Me di cuenta de que todos se van y estoy destinado a quedarme. Ahora a sentarse y escuchar los lamentos del mundo entero.
Estoy tomando el camino más corto hacia abajo. Te juro que casi estoy allí. Aunque he estado vagando durante días en las sombras.
Nadie es de aquí. Nadie. Ni siquiera los árboles. Solo se escuchan los gritos de amor puro que veneran un engaño basado en el odio. No se puede respirar. Y yo no puedo negar que he estado fingiendo toda señal de vida definida. Estoy muriendo. No hay nada aquí para mí.
Estoy en todas partes, menos aquí. Solo quiero desaparecer donde el sol no muestra miedo. Necesito algo que pueda tomar para hacer que los recuerdos se desvanezcan. Pues me siento secuestrado. ¿O tal vez solo estoy fuera de lugar? Este  podría ser el tiempo para el crimen perfecto.
Rellena las grietas con la fe que no puedo encontrar. Ya que ellos se irán hasta que yo me haya ido. Nada es nuevo. Ahora deja tu fe morir.
¿No puedes ver las veces que he mentido? Me enamoro de los crímenes más bellos. Esto es lo que me enseñaste, y aprendí bien.
Muéstrame tus heridas. Las mías ya me aburrieron. Recuerda que somos las grietas en las paredes de la felicidad. Como me arrepiento de lo que debo hacer. Pero no me ha dejado opción alguna. Ahora solo ignoremos que tu ni si quiera sabes mi nombre y recordemos que habíamos encontrado un terreno sagrado que se quemó. Y en frente de las cenizas; cuando se dio la vuelta, parpadeo a besar la mano de la suciedad.
Moriría solo para verte morir. Pues no podemos recordar los sentimientos que no se pueden mostrar. Nada de lo puro puede permanecer. ¿Me podrías describir cómo se siente? Yo no siento nada. ¿Puedes sentir eso? ¿Acaso arde? Déjame probar el cielo y olvidar el factor de la desesperación.


-Dave Mor.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Demorfografía

Tres de la mañana .En el frío pisó de mi recamara. De la noche anterior.  En el momento más vulnerable.  La hora más profunda de mi ser; debo confesarme a mí mismo, que siempre preferí sufrir en la felicidad que estar bien en la miseria.
¿Por qué conformarse con la ausencia? Es decir, ¿por qué no caemos en la histeria?
Aquí está ardiendo, un fuego que consumé día con día; y una lluvia latente  que inundó a un corazón ardiente. Esto no es nuevo para mí. He visto florecer el corazón de una herida profunda. Y es que, cómo puedes hacer el bien, sintiéndote tan vacío; como sí jamás hubieras existido.
He probado cada signo vital descrito y ya veo tu nombre desintegrándose de mis labios. Dolió. Demasiado dolió. Tuve qué quemar mi piel y ¿quién soy yo para juzgar?
Las frías noches no son más que mensajeras, que nos recuerdan cada noche, cómo nos sentimos en realidad. Alcanzo a ver una estrella venidera, entre las demás estrellas. ¿Cuál será la primera en caer? ¿O está dentro de mí?
Siempre esperando por un desastre. Y orando por la lluvia
Son las seis de la mañana; la rutina está por comenzar. Esta vez no habrá dolor, no en este tiempo.

Sólo estas miserables palabras me  encontré. Para desahogarme. Sólo esto.

-Dave Mor.

lunes, 20 de octubre de 2014

La maldición de las hojas que caen

Yo existo, en otoño existo.
Camino y no importa nada más. 
Respiro. Aire húmedo y frío. 
Me detengo, cierro los ojos y siento.
Imagino y luego miro esqueletos que bailan. 
Sueño con cielos naranjas y noches negras. Luego despierto.
Comienzo a correr, aun no he despertado. Corro más rápido. 
Es una maldición .

Subo al tejado. Miro al vacío. No distingo el aire del suelo.
Salto.
Golpeó el suelo y mis huesos se quiebran como ramas.

Es medianoche. El reloj debería comenzar a sonar.
Silencio. El día para mi apenas comienza. 
Callo, luego escucho.
El sonido del viento que arrastra las hojas por el suelo. 
Inhalo. Es humo de cigarro y algo mas.
Exhalo hambre y ambición. 
El camino esta mojado. 
Veo pasar las sombras de árboles muertos.
Aleteos, cantos y fuego.
Dientes, cripta y altar.

Me muevo más rápido.

Cada pazo un golpe en el pavimento. 
Todo comienza a desaparecer.
Deambulo entre la niebla.
Mis ojos son bulbos de luz.
Me siento muerto. Me siento lleno de vida.
Sed. Mucha sed.
Estoy perdiendo mi cuerpo. Ya no soy yo.
Deseo morir. Quiero vivir para siempre.
Es una maldición. La peor de todas.
No empieza ni termina.
Grito. Lloro. Río. Temo. Gozo.
Ya no hay vuelta atrás. 
No hay descanso para los malditos.
No hay cura para lo que no se ve.
Estoy perdido. Me gusta estarlo.
De pronto; obscuridad.

Siento la tierra entre mis garras.

Es la maldición, la peor de todas. La mejor. 
No puedo despertar. Nunca voy a despertar. No quiero hacerlo.


-Mario Guerrapin.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Veintidós, de nuevo veintidós.

Ahora comprendo el porqué de escribir, por qué puedo pasar horas y horas escribiendo y aun así sentirme ahogada. Escribir es la única manera que encuentro para librarme, librarme de todo lo que siento, para no colapsar en esta tristeza tan cotidiana. Llevo años bajo la sombra de este delirio parcial, en este desequilibrio emocional. Te veo en todas partes y no importa si estoy dormida o despierta, tú aparecerás ahí con tu sonrisa, esa sonrisa tan tuya que al aflorar pareciera regalarte un cachito de paraíso.

Y es que yo puedo ser cualquier cosa en este mundo. Puedo ser cocinera, escritora, músico, hija, amiga, etc., pero lo que más me hiere es haber sido la persona que te rompió el corazón, y como en la ley de acción- reacción, me quebré en el intento. Odio haberte lastimado, no haber valorado cada segundo a tu lado, no haberte dicho lo mucho que te amaba en esos silencios que quedaban entre nuestras departes, haberte llenado de carencias, haber ignorado todas esas historias que me tenías todo por planear un nuevo drama para ti.
Porque así somos de estúpidos los humanos (es por eso que siempre he pensado que eres de alguna parte lejana a este planeta) siempre que encontramos algo de paz buscamos algo estúpido para arruinarla, nos aburrimos de estar bien y necesitamos siempre algo de caos en nuestra vida para poder seguir,  entonces creamos conflictos, falsas emociones y nos viene mejor el papel de víctimas, porque el drama viene incluido en nuestra composición genética. Así de estúpida fui, no me di cuenta que tenía todo para estar bien, no pude notar que había paz en mi vida, que tú eras mi sostén, mi fortaleza, mi armonía. Siempre supe que te amaba pero nunca supe lo que era que me hicieras falta, nunca supe lo que era amarte y no tenerte cerca para intentar demostrártelo. Nunca supe la falta que me harían todas las cosas bellas que hay en ti, nunca supe la falta que me haría tu voz y la manera en la que pronunciabas mi nombre, tu aroma, tu mirada que hacía calmar mi alma, nunca supe lo que era estar tan lejos de ti.
Ahora ya no queda más, pero espero poder reencontrarte en algún espacio  de esta ciudad, en algún café, en algún parque, no lo sé, ahora estoy en tu ciudad, en tu atmósfera, todo aquí huele a ti. No me quedé a componer poemas en algún bar de aquella ciudad que tanto odias, ni me quedé esperándote en algún jardín desojando flores, estoy aquí y sé que te encontraré, para poder descansar, para poder despertar.
Pd. Encuéntrate que te quiero encontrar.