sábado, 15 de noviembre de 2014

Demorfografía

Tres de la mañana .En el frío pisó de mi recamara. De la noche anterior.  En el momento más vulnerable.  La hora más profunda de mi ser; debo confesarme a mí mismo, que siempre preferí sufrir en la felicidad que estar bien en la miseria.
¿Por qué conformarse con la ausencia? Es decir, ¿por qué no caemos en la histeria?
Aquí está ardiendo, un fuego que consumé día con día; y una lluvia latente  que inundó a un corazón ardiente. Esto no es nuevo para mí. He visto florecer el corazón de una herida profunda. Y es que, cómo puedes hacer el bien, sintiéndote tan vacío; como sí jamás hubieras existido.
He probado cada signo vital descrito y ya veo tu nombre desintegrándose de mis labios. Dolió. Demasiado dolió. Tuve qué quemar mi piel y ¿quién soy yo para juzgar?
Las frías noches no son más que mensajeras, que nos recuerdan cada noche, cómo nos sentimos en realidad. Alcanzo a ver una estrella venidera, entre las demás estrellas. ¿Cuál será la primera en caer? ¿O está dentro de mí?
Siempre esperando por un desastre. Y orando por la lluvia
Son las seis de la mañana; la rutina está por comenzar. Esta vez no habrá dolor, no en este tiempo.

Sólo estas miserables palabras me  encontré. Para desahogarme. Sólo esto.

-Dave Mor.

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