Tres
de la mañana .En el frío pisó de mi recamara. De la noche anterior. En el momento más vulnerable. La hora más profunda de mi ser; debo
confesarme a mí mismo, que siempre preferí sufrir en la felicidad que estar
bien en la miseria.
¿Por
qué conformarse con la ausencia? Es decir, ¿por qué no caemos en la histeria?
Aquí está ardiendo, un fuego que consumé día con día; y una lluvia latente que inundó a un corazón ardiente. Esto no es nuevo para mí. He visto florecer el corazón de una herida profunda. Y es que, cómo puedes hacer el bien, sintiéndote tan vacío; como sí jamás hubieras existido.
He probado cada signo vital descrito y ya veo tu nombre desintegrándose de mis labios. Dolió. Demasiado dolió. Tuve qué quemar mi piel y ¿quién soy yo para juzgar?
Aquí está ardiendo, un fuego que consumé día con día; y una lluvia latente que inundó a un corazón ardiente. Esto no es nuevo para mí. He visto florecer el corazón de una herida profunda. Y es que, cómo puedes hacer el bien, sintiéndote tan vacío; como sí jamás hubieras existido.
He probado cada signo vital descrito y ya veo tu nombre desintegrándose de mis labios. Dolió. Demasiado dolió. Tuve qué quemar mi piel y ¿quién soy yo para juzgar?
Las
frías noches no son más que mensajeras, que nos recuerdan cada noche, cómo nos
sentimos en realidad. Alcanzo a ver una estrella venidera, entre las demás
estrellas. ¿Cuál será la primera en caer? ¿O está dentro de mí?
Siempre
esperando por un desastre. Y orando por la lluvia
Son
las seis de la mañana; la rutina está por comenzar. Esta vez no habrá dolor, no
en este tiempo.
Sólo
estas miserables palabras me encontré. Para
desahogarme. Sólo
esto.
-Dave Mor.
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