Había
hablado hasta con los cielos de ti, le contaba a todo el universo lo hermosa
que eras, el amor que me hacías sentir por las pequeñas cosas, le había hablado
hasta el más horrible de mis demonios acerca de cómo todo el mundo se detuvo
cuando tu tocaste mi vida.
No
tengo palabras para describir lo que pasó, por más pausas que ponga, por más
enfoque que le otorgue a todos esos recuerdos no logro comprender en qué
momento ocurrió todo. Cuando la tormenta llegó a nuestras vidas, sacudió con
tal fuerza que sentí un dolor inmenso y extenuante, yo quise reaccionar una y
otra vez, pero más me tiraba, más ardía, en ese momento algo dentro de mí me
distrajo y de pronto me encontré en un espacio totalmente absurdo, sin vida, no
era negro, ni blanco, no me daba paz, simplemente me anestesió. Me perdí y no
te pude ver más, tu brillo, tu luz no llegaba hasta ese lugar. Corrí en
círculos en incontables ocasiones, y cuando lograba alcanzar un pequeño
resplandor, sentía que se me rompía la vida y algo me regresaba a ese sitio. Yo
no me podía dar cuenta lo que pasaba allá fuera, quería que me sacaras de ahí,
quería irme contigo a nuestra burbuja, quería arrastrarme bajo tus alas, quería
desaparecer a tu lado, quería que tú volaras hacía mí, necesitaba estar a tu
lado, necesitaba mucho a nuestra burbuja, esa esfera de calma, paz y energía
ilimitada, te necesité como nunca he necesitado nada en mi vida. Necesitaba
mucho que me amaras como solías hacerlo y quizás nunca necesité que me dijeras
que todo lo malo iba a pasar, quizás sólo quería que gritaras que si todo se
iba a la mierda te ibas conmigo, que lo gritaras con toda la fuerza que hubiera
en ti para que yo pudiera escucharlo hasta donde estaba, pero nunca escuché
nada y no pude volver. Hasta que un día sentí demasiado dolor, me quemaba
demasiado, vi un destello intenso, insoportable, sentí como se me quebraba
hasta la médula. Ese dolor y ese destello me jalaron con tanta fuerza que sentí
que iba a morir. Cuando abrí los ojos te vi a ti sentada frente a mí, diciendo
que me odiabas, que te había roto, que te había ofendido hasta lo más profundo
y me vi a mí llena de lágrimas diciendo te que te amaba y que lo sentía mucho.
Yo no entendí absolutamente nada, el trance fue tan intenso que tardé días en
poder recordar y justo ahora no he podido recordar todo. Me fui y te quedaste
con la peor parte de mí, con mis peores demonios, esos que les dabas pavor porque
sentían que los ibas a lastimar y prefirieron lastimar antes de tiempo. El
porqué de los hechos aun no lo comprendo. Hay cosas que aún me dan muchas
vueltas. Tú sangraste demasiado, yo te lastimé y me lastimé peor al hacerlo. Al
volver ya era demasiado tarde, tú ya te habías ido para siempre y yo hice todo
para hacerte volver, pero el corazón y la razón no se entienden en ciertas
ocasiones y cuando lo hacen son una combinación letal, intentaste volver una y
otra vez al igual que yo pero tus miedos te llevaron y ahora estás diciendo
adiós.
Te
amo y te amé con toda la locura que albergó mis días. Te amé con cada poro de
mi ser saciado de ti. Te amé en los peores momentos, incluso cuando tú no lo
hacías a ti misma, te amé de una manera pura y descontrolada. Te amé por lo que
eras y por lo que yo era al estar contigo. Amé todas las noches que pasé a tu lado,
porque nunca me sentí tan en casa como contigo. Amé cada palabra, cada canción
de cuna, amé todos los sueños que tejimos poco a poco, los nombres de los niños,
los libros, amé todas las noches de amor descontrolado que tuvimos, las tardes
de lluvia en cama, amé todas las risas y todos los llantos, amé el hecho que
podía amarte cuando pensé que jamás
podría amar de esa manera. Amé tus logros y los sentí míos, amé cada cena y
desayuno romántico que me preparaste y la manera tan pura de encontrar la caja
de la felicidad en medio del caos. Amé todo eso y lo sigo amando, lo amaré hasta que mi corazón dé su ultimo palpitar y aún
más allá.
Pero
nada de eso es suficiente ahora, es momento que te vayas y tejas el perdón que
tanto esperas, que tanto anhelas, es momento que todo esto se guarde en un cajón
de tus recuerdos, en una caja como en la que guardaste todas mis cosas. Es
momento de olvidar todo esto para ti y que renazcas una y otra vez como el
fénix que eres. Hoy es el día más triste de mi vida, hoy tengo que decirte adiós porque es lo que necesitas para estar en paz, hoy tengo que decirle adiós al gran amor de mi vida, a mi sueño perfecto, hoy tengo que decirle adiós a la persona que le dio sentido a mi vida y que hizo que sintiera ganas de salir y vivir día a día. Hoy tengo que dejarte ir, porque te amo y eso es lo que necesitas para ser feliz.
Una
vida no es suficiente para seres tan inmensos como nosotras. Una vida no es
suficiente para este amor que se queda guardado como ropa vieja. El día que
todo se calme y puedas perdonarme, recuerda que aquí estaré. Mientras tanto,
cuídate y perdonarme todo esto.
Ahora
he vuelto. He vuelto a las letras, a los suspensos y pausas de mi vida, he
vuelto a mirar al cielo de la manera tan especial que solía hacerlo, he vuelto
a creer en mí. La vida se torna ahora de colores muy diversos, demasiado sutiles y confusos, la métrica de mi día es otra, la naturaleza me absorbe poco a poco, estoy volando hacia las montañas que prometen perder total raciocinio, sí, he vuelto pero sin ti. Tú ya no estás aquí y esto es un lugar
hostil, frío sin alma, sin más emoción. No quiero estar aquí, no quiero seguir
en este espacio tan limitado, pero aún me queda mucho por hacer en este sitio.
Te quedas en mi mente y mi corazón
y yo en los tuyos.
Fue
un honor que me rompieras el corazón.
-Abril
Ramírez.