martes, 19 de abril de 2016

Sin objetivo final. Part.1.


Había hablado hasta con los cielos de ti, le contaba a todo el universo lo hermosa que eras, el amor que me hacías sentir por las pequeñas cosas, le había hablado hasta el más horrible de mis demonios acerca de cómo todo el mundo se detuvo cuando tu tocaste mi vida.
No tengo palabras para describir lo que pasó, por más pausas que ponga, por más enfoque que le otorgue a todos esos recuerdos no logro comprender en qué momento ocurrió todo. Cuando la tormenta llegó a nuestras vidas, sacudió con tal fuerza que sentí un dolor inmenso y extenuante, yo quise reaccionar una y otra vez, pero más me tiraba, más ardía, en ese momento algo dentro de mí me distrajo y de pronto me encontré en un espacio totalmente absurdo, sin vida, no era negro, ni blanco, no me daba paz, simplemente me anestesió. Me perdí y no te pude ver más, tu brillo, tu luz no llegaba hasta ese lugar. Corrí en círculos en incontables ocasiones, y cuando lograba alcanzar un pequeño resplandor, sentía que se me rompía la vida y algo me regresaba a ese sitio. Yo no me podía dar cuenta lo que pasaba allá fuera, quería que me sacaras de ahí, quería irme contigo a nuestra burbuja, quería arrastrarme bajo tus alas, quería desaparecer a tu lado, quería que tú volaras hacía mí, necesitaba estar a tu lado, necesitaba mucho a nuestra burbuja, esa esfera de calma, paz y energía ilimitada, te necesité como nunca he necesitado nada en mi vida. Necesitaba mucho que me amaras como solías hacerlo y quizás nunca necesité que me dijeras que todo lo malo iba a pasar, quizás sólo quería que gritaras que si todo se iba a la mierda te ibas conmigo, que lo gritaras con toda la fuerza que hubiera en ti para que yo pudiera escucharlo hasta donde estaba, pero nunca escuché nada y no pude volver. Hasta que un día sentí demasiado dolor, me quemaba demasiado, vi un destello intenso, insoportable, sentí como se me quebraba hasta la médula. Ese dolor y ese destello me jalaron con tanta fuerza que sentí que iba a morir. Cuando abrí los ojos te vi a ti sentada frente a mí, diciendo que me odiabas, que te había roto, que te había ofendido hasta lo más profundo y me vi a mí llena de lágrimas diciendo te que te amaba y que lo sentía mucho. Yo no entendí absolutamente nada, el trance fue tan intenso que tardé días en poder recordar y justo ahora no he podido recordar todo. Me fui y te quedaste con la peor parte de mí, con mis peores demonios, esos que les dabas pavor porque sentían que los ibas a lastimar y prefirieron lastimar antes de tiempo. El porqué de los hechos aun no lo comprendo. Hay cosas que aún me dan muchas vueltas. Tú sangraste demasiado, yo te lastimé y me lastimé peor al hacerlo. Al volver ya era demasiado tarde, tú ya te habías ido para siempre y yo hice todo para hacerte volver, pero el corazón y la razón no se entienden en ciertas ocasiones y cuando lo hacen son una combinación letal, intentaste volver una y otra vez al igual que yo pero tus miedos te llevaron y ahora estás diciendo adiós.
Te amo y te amé con toda la locura que albergó mis días. Te amé con cada poro de mi ser saciado de ti. Te amé en los peores momentos, incluso cuando tú no lo hacías a ti misma, te amé de una manera pura y descontrolada. Te amé por lo que eras y por lo que yo era al estar contigo. Amé todas las noches que pasé a tu lado, porque nunca me sentí tan en casa como contigo. Amé cada palabra, cada canción de cuna, amé todos los sueños que tejimos poco a poco, los nombres de los niños, los libros, amé todas las noches de amor descontrolado que tuvimos, las tardes de lluvia en cama, amé todas las risas y todos los llantos, amé el hecho que podía  amarte cuando pensé que jamás podría amar de esa manera. Amé tus logros y los sentí míos, amé cada cena y desayuno romántico que me preparaste y la manera tan pura de encontrar la caja de la felicidad en medio del caos. Amé todo eso y lo sigo amando, lo amaré  hasta que mi corazón dé su ultimo palpitar y aún más allá.
Pero nada de eso es suficiente ahora, es momento que te vayas y tejas el perdón que tanto esperas, que tanto anhelas, es momento que todo esto se guarde en un cajón de tus recuerdos, en una caja como en la que guardaste todas mis cosas. Es momento de olvidar todo esto para ti y que renazcas una y otra vez como el fénix que eres. Hoy es el día más triste de mi vida, hoy tengo que decirte adiós porque es lo que necesitas para estar en paz, hoy tengo que decirle adiós al gran amor de mi vida, a mi sueño perfecto, hoy tengo que decirle adiós a la persona que le dio sentido a mi vida y que hizo que sintiera ganas de salir y vivir día a día. Hoy tengo que dejarte ir, porque te amo y eso es lo que necesitas para ser feliz.
Una vida no es suficiente para seres tan inmensos como nosotras. Una vida no es suficiente para este amor que se queda guardado como ropa vieja. El día que todo se calme y puedas perdonarme, recuerda que aquí estaré. Mientras tanto, cuídate y perdonarme todo esto.
Ahora he vuelto. He vuelto a las letras, a los suspensos y pausas de mi vida, he vuelto a mirar al cielo de la manera tan especial que solía hacerlo, he vuelto a creer en mí. La vida se torna ahora de colores muy diversos, demasiado sutiles y confusos, la métrica de mi día es otra, la naturaleza me absorbe poco a poco, estoy volando hacia las montañas que prometen perder total raciocinio, sí,  he vuelto pero sin ti. Tú ya no estás aquí y esto es un lugar hostil, frío sin alma, sin más emoción. No quiero estar aquí, no quiero seguir en este espacio tan limitado, pero aún me queda mucho por hacer en este sitio.
Te quedas en mi mente y mi corazón y yo en los tuyos.
Fue un honor que me rompieras el corazón.



-Abril Ramírez. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario